El balance fiscal de México ha sido históricamente una variable clave para evaluar la solvencia intertemporal del Estado mexicano y su capacidad para instrumentar políticas fiscales sostenibles.
A lo largo del periodo 1935–2024, se identifican tres grandes etapas: un equilibrio fiscal relativo durante el modelo de industrialización por sustitución de importaciones (1935–1975); una fase de fuerte deterioro fiscal entre 1976 y 1988 debido al auge petrolero, el sobreendeudamiento externo y el colapso de los precios del crudo; y una etapa de consolidación fiscal a partir de los años noventa, cuando México se adhiere a regímenes de disciplina macroeconómica bajo la influencia del consenso de Washington y los acuerdos con el FMI.




















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